lunes, 28 de mayo de 2012

día 52?


Buenas... Permiso.


Soy Alejandro, el hermanito chico del Palillo.


Parece que puedo meterme de pesado en estos lares gracias a un exceso de confianza exteriorizada por parte de mi hermano...  A su vez el me pidió que posteara algo, ya que aparentemente los chinos estan comprometidos en la lucha contra los flogers.


No soy ningún gil, se que esta en China, la meca de los regalos para la familia! No voy a dejarlo tirado justo ahora! Cual Oriental bien instruido, Sabremos cumplir!


Y dada la masividad de este medio, no soporte la tentación de que me lean en Belgica (grandes papafriteros según Uderzo) y Suecia, me arriesgo con unas lineas:


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Ta, con estas lineas me doy por satisfecho y los dejo con lo que todos quieren leer.


PD: Las tortugas son más rapidas de lo que parecen, no las dejen sin vigilancia! Los Belgas, grandes papafriteros, saben de que hablo.


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Llegamos a China. Salimos el día de mi último post para acá. A mi sigue sin pasarme nada, pero cada vez se acumulan más cuentos por la vuelta en los viajes.

La noche antes de salir golpean mi puerta de habitación, era una mina que conozco de vista nomás que viene a decirme que le mandó un mensaje otra de la generación que había salido con un grupito a ver un museo más al norte de Japón. El tema es que no tenían del todo claro como se iba, y en una cuando preguntaron los mandaron a subirse a unos 5 trenes más o menos. Cuando empezaron a ver nieve y a pasar frío decidieron que no estaban para esa y quisieron dar la vuelta, el tema es que la estación les cerró y se quedaron sin tren bala.  La solución fue meterse en un bar que abría 24 horas, pedirse una cerveza y tomársela lo más lento posible cosa de pasar ahí la noche. Lograron conectarse y le pidieron a la gente de sus cuartos que les armaran las valijas como pudieran que ellos se tomaban el primer tren de la mañana, levantaban las valijas y se iban. Bueno, la cuestión es que uno de los del grupete este de bebedores de vodka y jugo de naranjas poco preparados estaba en nuestro cuarto, así que le armamos la valija entre 3 elijiendo sus pertenencias por descarte y ta, quedó más o menos pronta.

Habían varios grupos de salida en avión, el mío y de la demás gente que he nombrado en el blog era el último, así que tranqui almorzamos y nos fuimos al aeropuerto. Cuando llegamos, descubrimos a un grupo de gente en estado lamentable acurrucados en un starbucks que resultó ser los del grupo del museo este que perdieron su avión y no sabían si iban a poder salir en algún momento de Japón o que. Parte de este grupo de irresponsables son las patos, personajes que todas las noches que he pasado con gente despierto más allá de la 1:00 am, están en un estado muy cuestionable y siempre con un destornillador en la mano (el trago por suerte).

Al final lograron por una de esas cosas conseguir lugar en nuestro vuelo a último momento. Vuelo que no tuvo grandes inconvenientes salvo por la comida, que sigue resultando tema de conversación. Nos dieron un pescado con arroz que estuvo muy bueno pero que por alguna razón estaba bañado con una salsa viscosa y transparente que Darío por ejemplo elijió mezclar con el arroz sin mirar para hacer más fácil después de tragar. La parte más interesante de la comida igual era una cajita con 6 compartimentos que cada uno contenía una pieza que a falta de una definición más acertada le voy a decir sushi. Eran todos rarísimos y ninguno estaba particularmente bueno, sólo unos pocos valientes nos animamos a probar todo y todavía sigo sin saber que era cada cosa. Lo que sí les puedo decir es que el de abajo a la izquierda era un asco.

Entramos a China, todo bien, el aeropuerto de los más lindos hasta ahora, de paso les aviso que salir de Japón y entrar a China es una pavada. Salvo a Rodrigo que creo que le gusta que lo toquen y por eso pasa con cosas metálicas en los bolsillos, los demás olímpicos y sin casi revisión.

Lo primero que pensé cuando entré en contacto con el país fue, bien, sigo siendo re alto acá.

Nos tomamos un omnibus que teníamos contratado para ir al hotel, llegamos y el hotel la verdad que muy bueno. Yo estoy en una habitación con Rodrigo que es una bomba. Más por los habitantes de la habitación en sí que por otra cosa, es que cuando se juntan el soltero más codiciado de la generación con el único uruguayo que ha ido a ver un partido de béisbol con un finlandés en la historia, es jodido.

5 minutos después de habre hecho el check in, yo ya había inaugurado el baño como se debe, 20 minutos después me enteré que Darío "el terror de las cañerías" Sanromán, ya había tapado el suyo.

Mafe ya se encontraba acá en China y supuestamente nos iba a encontrar en el hotel. He aquí que no estaba y cuando pudimos averiguar, resultó que estaba en un hotel que no tenía nada que ver esperando a ver si llegábamos, cosa que no iba a suceder. Si no se podía comunicar adecuadamente con los estadounidenses supongo que se imaginan que con los chinos iba a ser imposible. Igualmente con llamadas, hablando con recepcionistas y endemases logró llegar, aunque la espera y los nervios hicieron que el estado estomacal de Darío que ya venía con un temita ahí, se volviera aún más sensible y ahora tiene miedo de estornudar.

Lo primero que pensás cuando salís a la calle en China es que extrañás a Japón. Es el primer lugar que visité que no me hace pensar que los uruguayos somos unos sucios y no tan buenos. Acá viven escupiendo, eruptando, tirándose pedos. Hay un olor en la calle bastante jodido, mucha basura, gente muy pobre en la calle. Aparte de que los chinos son mucho menos amables, diría que están pasados de rosca un cacho. Te putean si no les das cambio, te cagan en la que pueden.

Después por el otro lado, una de las cosas buenas de haber venido a China es que por fin cuando decimos “estos chinos” estamos diciendo el gentilicio correcto. Aunque ahora me doy cuenta del insulto que le estábamos diciendole a los japoneses cuando les decíamos chinos. Igual hubieron un par, especialmente Darío, que así como llegó a China, empezó a decirles japoneses a pesar de no haberlo usado ni una vez en Japón.

Otra de las cosas buenas son los precios. El otro día me compré una coca en un súper a 2,60 yuanes, ya se lo que piensan, un regalo, con esa plata en Uruguay no te comprás ni el alfajor portezuelo chico ese de paquete rojo.

En China no me anda el blog. El gobierno chino aparentemente piensa que es demasiado capitalista, así que bloquea facebook, youtube y mi blog. Yo lo que estoy haciendo es escribir en el word y en cualquier momento se lo mando a mi hermano para que lo cuelgue. El tema es que vengo escribiendo más lento de lo que pasan las cosas, así que si notan que están medias descolgadas las cosas, más que de costumbre incluso, es por este tema.

Hoy por ejemplo ya estamos en Shanghai, y empecé a escribir esta parte el día que llegamos creo que fue como hace 4 días. Igual no voy a irme hasta hoy porque ya me voy al carajo con lo largo de esto que ya va por la terdera página de word.

Bueno, vamos a resumir un poco Beijín, o para los que quieran Pekín, a mi me da lo mismo como le digan a la ciudad. Fuimos a la ciudad prohibida, muy bonito. Fuimos a la Gran Muralla, también muy linda y empinada, no es fácil recorrerla. Pero lo que realmente me voy a acordar de esta ciudad es el mercado de la seda, cosa que no habla muy bien de mi.

El mercado de la seda es una especie de hijo de los techitos verdes con el Montevideo Shopping. Venden de todo, cosas que según la mayoría son truchas, según otros son de verdad, yo no se, para mi hay de las dos cosas, pero en general de bastante buena calidad. Lo que lo hace especial son los vendedores. Vos vas caminando y están los puestos a los costados y los vendedores te van diciendo todos que entres en forma bastante insistente. Cuando ven que hablás español aparte te hablan en un español mejor que al de varios mexicanos. Te dicen cosas como “amigo, quieres una chaqueta?”, “amigo, mira mira”, “guapo”, “guapísimo” (estas dos últimas me las dijeron a mi, pero dudo que las anden repartiendo a todo el que pasa), y demás frases ya armadas, algunas bastante divertidas y que escuchás cada 5 segundos a velocidad de peaton normal por un pasillo.

El tema es que te hablan, aveces te agarran un poquito, pero eso es si vos vas mirando para adelante y no mirás lo que tienen adentro. Si alguno te vio mirar en la dirección general de su tienda, ya se te puso adelante o te agarró del brazo y te metió a la tienda y no te deja ir hasta que no compres algo. Lo que se hace entonces es mirar para adelante y de reojo mirar rápido las cosas que tienen que se van repitiendo en todos los puestos, entonces cuando ya viste pasar el mismo buzo 3 veces y estás seguro de que es como querías, ahí te metés al siguiente que lo veas y estás regateando por unos 15 minutos con un chino.

Los regateos son lo más extraño que he visto en China, empiezan tirando un precio no tan distinto a lo que estamos acostumbrados, pero empezás a bajar y a bajar, y con un poco de práctica lo sacás a un 20% de lo que te pedían. El tema es que se ponen violentos aveces, no te dejan ir si ya preguntaste cuanto salía algo y si te regateás demasiado te pegan o te empujan, varias uruguayas tuvieron altercados con chinas, y hasta la más compradora (Mafe) llegaba a odiar estar ahí comprando cosas por el 10% de lo que salen en Montevideo.

Siempre que entrabas salías con una mezcla de felicidad por haber comprado cosas re buenas y re baratas, con tristeza por haber comprado tantas cosas, de las cuales con suerte necesitabas una, y con preocupación, porque acá sólo se puede llevar 20 kilos en la valija y ya teníamos 22 sin todas las compras que hicimos.

Después también estaban las comparaciones, a ver quién había logrado la mejor compra o haber comprado la misma cosa a la mitad de precio. Yo mi mayor premio creo que fue una campera North Face que está buenísima a 360 pesos uruguayos. Igual, por más contento que yo estuviera con mi precio, siempre había alguien que la sacaba más barata. Por ejemplo, Darío me estuvo chupando rueda un día entero, llegaba después que yo a comprar cosas, entonces empezaba con el precio que me habían dado a mi y siempre terminaba pagando un 20% menos. Un vivo bárbaro el chiquilín.

Después de dos o tres días de mercado, la mayoría se compró una valijita chica para guardar las cosas y subir con ella al avión sin pagar sobrepeso. Yo no era de los peores y tenía mi valija con 20,7 kilos, y después entre un morral y la mochila tenía un peso combinado de 12,4 kilos. Mi espalda está hecha moco.

Bueno, con el sólo hecho de mandarle esto por mail a mi hermano y que lo suba la voy a cortar por acá. Vos Ale, si querés meterle algo, sos libre de hacerlo, confío en vos, no te cuelgues igual.

Me despido con un chiste que la está rompiendo acá en China y que por escrito no tiene gracia. Para hacerlo más entretenido, voy cambiando el lugar del chiste, lo he hecho por 18, por Varela y eso, así que elijan un lugar que les guste y empiecen a leer. El otro día me pidieron que lo hiciera por Punta del Este, pero este es un chiste de pueblo, trabajador, en Punta no funciona.

Resulta que iban cuchillo y tenedor caminando por la calle (esa calle o ese lugar que ustedes eligieron), conversando de la vida, cuando de repente ven a quién parece ser un amigo de ellos a la distancia (si eligieron un lugar con acento, leanlo con acento, sino haganlo normal, pero es menos divertido). Ahí cuando ven a su amigo, tenedor le dice a cuchillo, “Che cuchi (le dicen así porque saben que le molesta) aquel no es cuchara?”, “Pa, puede ser, no me doy cuenta desde acá, pero camina parecido”, “lo voy a llamar” dice tenedor y se pone a gritar “Cuchara!!!”, “Cucharaaa!!!”, y nada, “Hey Cucharaaa!!!!!”, y le dice a cuchillo, “parece que no es-cuchara”.

Lo entienden??? Porque puede ser “es cuchara” o “escuchara” y los dos están bien. Es muy bueno, pregunten después y van a ver que la rompí con ese.

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Ladrón! ese chiste es mío!!!!!!!

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