martes, 25 de septiembre de 2012

Día 173

Vieron, esta vez no demoré tanto en volver, me porté bien. Para mi que hasta me gané un premio, ustedes decidan cual.

Ahora sólo tengo 2 ciudades para contar de tan prolijo que estoy. Les cuento el tiempo en Sarajevo y los días que llevamos en Dubrovnik.

La última entrada fue de la noche que llegamos a Sarajevo. Ahí ya no pasó nada porque ya para cuando terminé era una sinfónica de ronquidos el cuarto, así que hay que empezar en la mañana siguiente.

Nos levantamos, nos acomodamos y salimos. A los 100 metros de haber salido nos encontramos con una panadería que tenía terrible pinta, así que entramos y las cosas salían 1 marco bosnio que sería medio euro y aparte estaban muy ricas. Ya Sarajevo me empezó a caer bien.

La verdad que Sarajevo no se parecía a ninguno de nuestros cuartos en la época de nuestras infancias. Desde tiempos inmemoriales que nuestras madres comparan las habitaciones de sus hijos con dicha ciudad, ojalá mi cuarto estuviera tan ordenado como Sarajevo.

Nos metimos un poco en la ciudad vieja y era un poquito como volver a Turquía. Estaban las mismas porquerías que ahí y mi debacle económica comenzó en el momento que mi novia descubrió que le gustaban las porquerías esas.

Después de lograr bloquear varios intentos de compras pelotudas, entramos a una tienda donde el vendedor se nos puso a hablar. Después de las típicas alcahueteadas a Uruguay y demostrar un conocimiento mínimo, se nos puso a hablar de las cosas que tenía a la venta, habían un par que Ale estaba relojeando pero tranqui, hasta que en un momento el vendedor la miró y le preguntó si los abuelos eran europeos, porque tenía mucho aire, luego le dijo la frase que abrió la canilla de compras sarajevas, "tenés un aire a Jennifer Aniston". Al escuchar eso quise saltar arriba de Ale, tratar de bloquear el camino de su mano a su bolso donde guardaba la plata, pero no había nada que pudiera hacer, el vendedor me había ganado.

Después de eso la cosa se desvirtuó, ayudada por el grupo de féminas de la camioneta que se ve que están enojadas conmigo por algo que hice en algún momento y estaban boicoteándome de una forma pocas veces vista. "Sí, ese bowl colorinchudo es precioso, comprate un par", "las tazas esas son divinas, nunca más vas a ver unas igual" "no te podés ir sin una lámpara, tienen como el 80% de los colores que existen en el mundo", fueron algunas de las frases que se fueron repitiendo.

En un momento volvió el Agu que se había sentido un poquito mal y se fue a dormir una siesta y ahí me ayudó por lo menos a no quedarme sólo rodeado de compañeras de camioneta disfrazadas de los demonios rojos que aparecen en los hombros izquierdos de los dibujitos que le hablaban en la oreja a Ale.

Después de un manejo bastante cuidadoso de mi parte, logré darme cuenta de que no iba a poder evitar todas las cosas que quería y me dediqué a elegir mis batallas. Así caí en un par, pero logré salvarme por ejemplo de los bowls colorinchudos.

Lo más complicado fue uno de los regalos que van para mis suegros ahora, no voy a decir que cosa es porque quemo todo, pero fue una de las batallas más sangrientas vividas en Sarajevo. Primero traté de rehusarme, cuando vi que no funcionó, opté por acompañarla y disimuladamente hacerla sentirse muy agradecida hacia mi por haberla acompañado a comprarlo. No sólo sufrí el tiempo previo a la compra, sino la compra en sí. Una hora adentro de la tienda. Igual yo no fui la única víctima de Alejandrazilla, el vendedor estuvo todo ese tiempo de arriba para abajo mostrando una y otra cosa, buscando colores y formas, el pobre la verdad que se tuvo que esmerar para venderle eso. Si mis suegros no se emocionan hasta las lágrimas cuando Ale les de el regalo no se que hago.

Después de 73 regalos para amigos (estoy a punto de pedirle a Ale que deje a un 30% de sus amigos, tiene demasiados), nos retiramos de las compras. Nos fuimos al hostel y después comimos por ahí. La comida en Sarajevo es increíblemente barata, me encanta esa ciudad.

Al otro día salimos rumbo a Dubrovnik. Está a 130 km en línea recta, así que con rutas y todo pensamos que en 3 horitas llegábamos, pero no tuvimos en cuenta la habilidad de las rutas bosnias para no ser descubiertas por el GPS, así que demoramos unas 5 horitas.

Ya el viaje empezó mal cuando tratamos de sacar el auto del estacionamiento. El viejo que estaba ahí nos quería cobrar 38 euros en vez de los 28 que salía haciendo la conversión de la moneda y aparte no entendía nada de inglés, así que estuvimos un rato ahí. Agustín probó a ver si puteándolo entendía español, pero resultó que no. Al final preferimos ir a sacar marcos bosnios y pagar con eso así no nos afanaba el veterano.

La ruta preciosa, muy precaria por momentos y con muchas curvas y subidas y bajadas por las montañas, pero muy linda.

Tuvimos de nuevo que cruzar fronteras, una de las actividades menos preferidas de Agustín. En el momento que un inspector de aduanas lo mira se pone verde y los calzoncillos se le quedan violetas.

Llegamos al fin a Dubrovnik. Mi frase preferida de estos días es "buscá Dubrovnik en google y odiame". Les pido a ver si por favor lo pueden hacer también los que no la conocen.

Metimos playa, centro, comimos rico, paseamos. Hasta ahora el único inconveniente de este lugar es que las tiendas de souvenires no venden las latitas que Ale está comprando para llevar.

Estamos muy aburguesados, es el cuarto apartamento en el que nos quedamos en este mes. Ahora vamos a tratar de meter algún camping para acordarnos que en realidad la vida no es así.

Bueno, me aburrí de escribir, así que me voy a acostar. Voy a ver si me pongo de vuelta a escribir, porque así no llego a las 15.000 visitas antes de que termine el viaje.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Ni idea de que día es

Bueno, me fui al carajo, ya se. Esta vez sí que estuve demasiado tiempo sin escribir y no fue culpa del internet porque tuve en todos lados. Ya me están llegando quejas y estoy empezando a recibir amenazas también.

Como en todas las cosas, hay que encontrar un culpable a esto, y nunca puede ser uno, es un embole sino, así que después de un análisis que consistió en encontrar a la persona a la que es más fácil culpar, voy a hechar la responsabilidad de la falta de entradas sobre mi novia.

Realmente es bastante fácil llegar a esta conclusión. Antes de mi novia escribía seguido, desde que llegó escribí una sóla vez, punto. El problema es que me está haciendo recorrer todas las ciudades pasando por absolutamente todos los lugares que pueden llegar a estar buenos. Yo antes elegía un par, iba y me volvía tranqui. Ahora llega la noche y estoy volviendo muerto a dormir y lo último que quiero es escribir. Este es uno de esos momentos de mortandad, pero me dio miedo de que si seguía así el blog iba a terminar de morir. Y también es la razón del título, averiguar que día de viaje es hoy implica un esfuerzo para el que no estoy capacitado ahora.

Bueno, me quedé en Riga si no me equivoco, ya pasó una vida desde eso. Visitamos no se cuantos países, así que les voy a hacer una enumeración medio rápida, espero que este me quede corto, aunque mis esperanzas de que sea gracioso son pocas realmente.

De ahí cruzamos todo Lituania para llegar hasta Polonia de una manejada. Por el único lugar que paramos fue por un monte de cruces cerca de Siauliai (creo que era así la ciudad), que básicamente es un montón (un montón de verdad) de cruces. Es bastante raro y bueno, a cada uno le puede pegar para lados diferentes. Por lo pronto nadie en la camioneta se prendió fuego, así que parece que todo bien.

Seguimos derechito para Varsovia. Llegamos bastante tarde de noche y con mucho sueño. Dejamos las cosas y nos fuimos a dejar la camioneta con Agu a un parking. El problema fue volver del parking porque no teníamos ni idea de donde estábamos y ninguno había prestado atención. Nos dimos cuenta de que estábamos en problemas cuando señalamos para lugares opuestos cuando dijimos por donde nos parecía que era. Igual eventualmente logramos llegar.

Al otro día salimos a recorrer y cometí mi primer error del viaje con mi novia, mostrarle a que es un H&M (una especie de Zara más barato). Ahora mis finanzas corren riesgo.

Para no contar absolutamente todo, ya paso para la salida a Cracovia. Llegamos muy tarde también en la noche siguiente y nos acostamos nomás. Al otro día desde ahí salimos hacia Auschwitz que quedaba cerca. Junto con Hiroshima el lugar más duro del viaje. Ver el campo, conocer un  poco de la historia de la gente que estaba ahí, como vivían y como los trataban fue realmente muy chocante. Ahora parece increíble que hayan pasado cosas así y no hace tanto tiempo.

Esa noche llegamos muertos a Cracovia de vuelta pero igual juntamos fuerzas para salir a dar una vuelta porque la ciudad lo merecía. Un centro espectacular y que nos dejó a todos con ganas de quedarnos algún día más.

Y seguimos con la recorrida, ahora nos tocaba ir a Praga. Nos pusimos chetos y alquilamos un apartamento las dos parejas de la camioneta. Muy grande y cómodo por suerte, porque el primer día nos llovió todo y nos quedamos acomodándonos y descansando.

Mi novia aprovechó el segundo día para arrastrarme a un tour gratis que había y estuve como 3 horas caminando atrás de un argentino chiquitito que vivía en Praga contándome cosas. Para peor es que Ale le dijo tanto a tanta gente de los tours gratis que habían como 20 uruguayos haciendo el mismo coso.

Visitamos un montón de cosas, la plaza, el castillo, el reloj de la plaza, y pila de las callecitas de la ciudad vieja. También estrenamos la polaroid comprada en la feria de Berlín por Ale y conseguimos unos caramelos que están muy buenos y que probablemente a muchos de ustedes les toquen de regalo del viaje.

Tuve un pequeño incidente en el apartamento y es que rompí una cama. Ya se que está el chiste fácil de la cama rota y todo eso, pero antes de que se pongan bobitos les cuento que se rompió cuando yo estaba sólo y me fui a acostar. No me tiré, lo juro, me deposité gentilmente sobre la cama y una de las tablas laterales colapsó. No fue que es partió en dos, se hizo añicos. Totalmente inarreglable. Cuando investigué a madera me quedé más tranquilo porque era casi que madera de balsa, una cagada. Igual pasé mal un par de días pensando en como arreglarla y hacerme el boludo hasta que decidí confesar (ya que realmente no había hecho nada malo) y parecería ser que zafé de que me cobren una cama.

Bueno, saliendo de ahí nos fuimos a Austria para quedarnos 3 noches en Viena. Saliendo de República Checa mi novia agarró por primera vez la camioneta. Más o menos a los 30 minutos de haberla agarrado, la camioneta fue parada por la policía por primera vez en su historia. Mirándolo en retrospectiva fue nuestra culpa por haber puesto a una rubia a manejar una camioneta enorme, un peligro lo que hicimos. Nos pidieron documentos y nos preguntaron de donde éramos y la conversación fue más o menos así: -De donde son? - Uruguay - Irlanda? - No, Uruguay, Sudamérica - Ah. Después nos dimos cuenta de que no nos habían entendido, porque nos dijeron que nuestra libreta no servía para Rep. Checa, sólo servía para Uruguay y Sudáfrica. Igual ahí sí sirvió tener una rubia al volante, porque puso cara de soy boba, no se y nos dejaron pasar.

También ese mismo día tuve que usar la frase "no Ale, la otra izquierda!" cuando estábamos llegando al apartamento de Viena y yo estaba haciéndole de copiloto mientras ella manejaba, dejando en evidencia no sólo que mi novia de 27 años todavía no sabe la diferencia entre cual es la izquierda y cual es la derecha, sino también que en Uruguay cualquiera se puede recibir de ingeniero. En realidad fue mi culpa, generalmente trato de tener un lapiz a mano para dárselo y que pueda decidirse rápido, pero después de tantos meses me oxidé un poco.

Pasamos tres días en Viena, donde la obsesión de Alejandra por comprar latas y regalos creció alarmantemente y donde se empezó a gestar la teoría de que las jarras de cerveza que se venden por ahí en Europa las hacen gente muy especial a quienes mediante una cirugía muy compleja e invasiva se les extrae completamente el buen gusto.

Ya de a poco nos estamos acercando. Seguro que me olvidé de absolutamente todo lo divertido que me pasó en estos días. Ya hace un rato que estoy tratando de acordarme de algo que después de que pasó dije que iba al blog seguro y ahora no tengo ni idea de que es, pero si me acuerdo lo pongo en otra entrada.

Ya acercándonos a hoy, fuimos a Budapest. La camioneta levantó a un par de visitantes que se sumaron a esos días y llegamos a la ciudad más linda hasta ahora de esta parte del viaje. Salimos esa noche recién llegados y mi novia casi se hiperventila señalando lugares y diciendo que teníamos que ir para acá o para allá. Al día siguiente aparte íbamos a ir a Rumania, al pueblo de donde era el abuelo de ella, así que se puso como loca a hacer planes para recorrer todo lo que había en el día que nos quedaba.

Bueno, como conté, al otro día nos fuimos a Rumania, a la ciudad de Oradea. Alquilamos un autito y después de hora y media en el local de alquileres salimos para allá. Manejamos unas 5 horitas y llegamos. No es que estuviera feo el lugar, pero si a alguien que conoce las dos ciudades le decimos que sacrificamos un día de Budapest para ir a ver Oradea, es posible que nos pegue.

Estuvo muy lindo ir ahí, Ale estaba super contenta con todo y fue muy lindo poder acompañarla hasta ahí. Rumania era super barato, en serio, muy barato. Ale aprovechó y consiguió algunos regalos por un tercio de lo que salían en Viena más o menos y tuvimos que hacer un mini surtidito porque nos sobrava plata.

Los rumanos son muy terrajas. Cualquier plancha montevideano puede pasar desapercibido perfectamente ahí, aunque los rumanos probablemente le saquen 20 cm de altura y tengan unos 40 kilos más de músculos.

Llegamos de vuelta a Budapest y recorrimos pila después de una siesta importante. Nos metimos al castillo donde había una feria con pila de puestos, mayoritariamente con chocolates, paseamos de noche y Ale pasó espectacular. Era como una niña mirando para todos lados y señalando todo edificio que veía. Pasamos bárbaro.

Hoy tuvimos que dejar Hungría y salir hacia Bosnia donde estamos ahora. Un camino hasta Saravejo que estuvo complicado. Se que se llama Sarajevo, pero después de varios días de estar hablándolo en la camioneta, nos dimos cuenta de que es más fácil que los otros 6 digamos Saravejo a que Lucía pueda decir Sarajevo (después hablo de como Dubrovnick puede ser renombrada Duborvick). Para empezar vamos a hacer un ejercicio. Vayan a google maps... los espero, no hay apuro... listo? Bien. Ahora pongan Bosnia y esperen que se cargue... cuando estén avisen que sigo. Parece un poco vacío comparado con los países de al lado no? Bueno, ahora pongan Saravejo (para mejores resultados prueben Sarajevo después), vean a ver las calles... ah, no hay... está bravo no? Bueno, el GPS tenía esa misma información. Tuvimos que llegar a un hostel en Sarajevo sin saber ni una de las calles de la ciudad y pasando por rutas que no estaban muy bien marcadas que se diga.

Al final con un mapa muy precario que tenía en el ipod logramos llegar después de dar unas 342 vueltas, pero costó.

Otra cosa que costó fueron las fronteras. Primero salimos de Hungría y entramos a Croacia, ahí estuvimos un rato con un Agustín bastante malhumorado con la cara de culo del empleado de aduanas húngaro y una Lucía preocupada y tratando de controlar a su novio. Después tuvimos que pasar una aún más complicada de Croacia a Bosnia, donde el empleado de aduanas bosnio trató (muy insistentemente) de que le diéramos el mate que teníamos ahí de regalo. Así que ahota preferimos a las fronteras donde nos miran con cara de culo a las que son más simpáticas pero nos ponen muy nerviosos pidiéndonos que les regalemos un mate.

Bueno, ahora estoy en el hostel de Saravejo con casi todos durmiendo y yo a punto de desmayarme. Comimos en McDonalds unos Mc combo agrandados por 4 euros y ahora después de ver que acá es capaz que más barato que Rumania, temo que mi recorrida Saravejiana va a incluir un extenso paseo por un shopping.

Espero que esta entrada haya sido el reenganche con el blog, sino va a quedar muy tirado. Los dejo por acá y espero hablarles desde Dubrovnick donde me voy a estar quedando 4 noches. Busquen fotos de ahí en google y odienme.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Día 154

Ya empezamos con Europa del Este. En este momento estoy en Riga con mi novia durmiendo una siesta al lado.

Después de estar en Finlandia y conocer casi que únicamente el camping salimos a Helsinki a tomarnos el ferry que nos llevaba a Tallin. Era un ferry bastante lindo. Me salvó en los descuentos de quedarme sin imán de Finlandia y me compré algún chocolate en el free shop. Hablando de free shop, Carla aprovechó para comprarse un baileys, si tenemos en cuenta que se había comprado dos hace diez días en el ferry anterior que ya están casi liquidados y que ya este nuevo fue abierto en el viaje en auto hasta el hostel unos 5 minutos después de bajarnos del ferry, podemos considerar que Carla tiene un problema.

Llegamos a la ciudad y empezamos a buscar el hostel. Tuvimos que dar un par de vueltitas porque aparentemente las ciudades medievales no están preparadas para el tránsito vehícular (poco previsores estos medievales si me preguntan a mi). Llegamos y estábamos metidos adentro de la ciudad vieja de Tallin, lo primero de lo que nos enteramos es de que ya habían afanado a 3 camionetas, lo que honestamente pensé que iba a ser motivo de pánico, pero se llevó bastante bien, felicitaciones a Cleffi por controlarse.

Bajamos las cosas y con el Agu nos fuimos a buscar parking. La mayoría eran abiertos, lo que los descartaba de plano, pero encontramos un par de cerrados. Como mi novia llegaba dentro de no tanto no dejamos la camioneta y nos fuimos al aeropuerto, todos me acompañaron y los hice esperar como 2 horas, porque capaz que fui un poquitito temprano de más. Llegué yo bastante antes de que ella llegara a Riga que es donde hacía escala.

Llegó mi novia y no voy a relatar ninguna cursilería ni palomeada, ya bastante fue con la entrada que hice para el cumpleaños. Los demás la esperaban con un cartel de "bienvenida ingeniera" y por suerte pudieron controlar a Cleffi y no le tiraron nada todavía. Ahora hay una persona en el viaje que me dice Joaquín en vez de palillo.

Cuando volvímos dejamos la camioneta en un parking cerrado que resultó que era de un shopping. El estacionamiento te lo cobraban por la hora, cada hora te salía 1,8 euros, y no te hacían un precio por día por lo que terminaba siendo caro comparado con los demás parkings que te salían 14 euros el día. El tema es que si perdías el ticket que te habían dado de estacionamiento te salía 19 euros, lo que es un tremendo bajón si fuiste al shopping por un par de horas, pero si estás un par de días, está bastante bien, así que justo a nosotros se nos perdió el ticket y pagamos 19 euros en vez de los 28 de un parking normal o los alrededor de 70 que nos hubiera salido haciendo las cosas legalmente. Estamos muy orgullosos.

La ciudad era preciosa, la parte medieval estaba muy bien mantenida, tenía parte importante de la muralla todavía en pie y quedan un montón de los edificios importantes de la época.

A los locos los hicieron pelota un montón de veces. Los agarraron los daneses, los suecos, los rusos, los alemanes... y recién hace 21 años son independientes, así que yo soy más viejo que el país.

La parte antigua de la ciudad es chiquita y estaba casi toda la generación, así que quedé como re popular con Ale. También le dio un poco de miedo que todo el mundo que nos cruzó (ella no conoce a nadie) la felicitó por el título.

Al otro día salimos y nos metimos a hacer un walking tour gratuito. Por nos metimos quiero decir que mi novia me obligó. Una mina nos llevaba dando vueltas por la ciudad y contaba cosas de los lugares y edificios. Nunca admitiré si me gustó o no porque repito, me llevaron obligado.

Estuvo muy muy bueno Tallin y lo disfrutamos un montón. Al otro día (ayer) salimos hacia Riga (Letonia). Hicimos el check out un poco más tarde de lo que habíamos acordado con el resto de la camioneta pero creo que nos bancaron igual por suerte, por las dudas vamos a tener que meterle un poco más de velocidad ahora si no queremos que nos odien, parecería que todavía nos quieren. Al menos a Ale.

Voy a comentar que la mina de la recepción tenía un estado de ebriedad (espero que fuera de ebriedad) muy importante, así que el check out no fue tan fácil, pero lo logramos.

Salimos para Riga en la primer experiencia camionetil de Alejandra. Informo que la camioneta fue bautizada recientemente La Pepa, no por mi, yo no tuve la idea y hasta me opuse hasta que empecé a hacer chistes y bueno, ahora le veo potencial al nombre (igual pienso que mi idea original de "El plumonito mágico" era brillante). Fue bastante light el viaje, así que a Ale todavía le gusta la camioneta (estuve tentado de poner el nombre de la camioneta, pero me contuve).

Llegamos a Riga, y después de pasar por un par de hosteles nos quedamos en uno que está muy muy bueno. Tenemos un wifi espectacular, así que con Ale estamos cada uno con su maquinita y no tenemos por que hablarnos ahora.

Salimos a dar un par de vueltas después de instalarnos y de noche volvimos para salir a cenar con el resto de la camioneta. Ahora ellos son los que se quedan todo el día en el hostel y yo soy el que salgo, tanto los vivitos que se hacían diciéndome que nunca hacía nada eh, para vos Barney!!

Salimos a buscar un lugar para comer y nos encontramos con los profesores y no estoy del todo seguro de cuando pasó, pero de golpe eramos 9 en vez de 7 para una mesa. Estuvo muy bueno, nuestra moza era posiblemente la persona más energética y alegre del mundo.

Letonia es bastante barato, es más barato que Tallin, lo que tiene es que usan el Lats Letón, así que como estamos un par de días, no da para sacar mucho, así que no tenés mucho margen de error porque te podés clavar con plata al pedo o podés quedarte sin comer un día. Aparte el Letón vale bastante, es casi 1,5 euros por cada uno. La cosa que no logré fue hacerle entender a mi novia como se llamaba, ella está dale que te dale con el latón. Ahora voy a hacerle una presentación mostrandole que el letón es una moneda que vale casi 40 pesos y el latón es como un balde de metal o una aleación de cobre y zinc (gracias wikipedia).

Recorrimos la ciudad de arriba a abajo, la parte antigua es chiquita, de tamaño parecido al de Tallin, aunque es como más funcional, la gente la sigue usando, el centro de Tallin era más bien una cosa turística, más juguetoso.

Recorrimos, paseamos, caminamos casi todas las callecitas de por acá, visitamos un montón de edificios y cosas que Ale había investigado, entramos a una tienda donde nos fuimos (se fue) con dos remeras y un buzo.

Ahora capaz que debería aclarar que ya Ale no está durmiendo una siesta porque si son memoriosos lo dije al principio y ahora lo que voy a decir no tendría sentido, yo llegué hasta la mitad de la entrada y salimos de tarde después y la estoy terminando ahora de noche.

Fuimos a ver un par de cositas más nomás, una vuelta corta esta vez. Ya Ale creo que me está empezando a odiar porque como ella llegó hace una semana todavía está todo el día con la boca abierta mirando cosas y me dice que mire para acá o para allá con tremenda emoción y yo le digo algo tipo "ah, sí, está bueno sí".

Cuando ya estábamos terminando la vuelta de repente un grupo de gente viene medio que trotando hasta donde estoy yo. Eran todos o veteranos o mujeres, todos bien vestidos y prolijos, así que no entré en pánico. Me paran y me dicen en inglés que están jugando un juego que tienen que sacarse fotos, y una de las prendas era sacarse una foto con alguien con barba, así que me pidieron para sacarse una foto conmigo. Después me puse a mirar y no había ni una persona con barba en todo Riga , así que me sentí especial.

Ahora acabamos de llegar de hacer unas compras con los letones que nos quedaban calculando hasta el último centavo. Nos compramos una tremenda cena y un almuerzo que tuvo que bajar sus pretensiones a medida que seguíamos comprando cosas para ahora.

En un ratito hacemos reunión de camioneta para ver como hacemos en los días que vienen, así que me voy aprontando para irme porque Ale quiere que primero le lea el blog a ella para tener la primicia.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Día 150

Volvimos a Finlandia. Pasamos como 8 días en Rusia (no estoy del todo seguro del número exacto) y anoche nos tomamos un tren y después de 12 horas llegamos acá y estamos de vuelta en el camping.

De Rusia queda el tamaño de todo ahí, desde las cuadras, las personas, los edificios y las comidas. Visité lugares, hice sociales, aprendí alguna cosa que otra, pero más que nada aproveché los hoteles. Tener varios días de no tener que pensar, de no hacer kilómetros y kilómetros en la camioneta, de armar y desarmar la carpa todos los días la verdad que fue muy disfrutable. Igual creo que quedé un poquito en evidencia porque   anoche ya en la estación de trenes vino Marcel, el encargado del grupo en Rusia, y me preguntó si yo era Joaquín, le dijé que sí y él me dijo que no me veía desde San Petersburgo, lo cual le resultó muy gracioso a los vivitos de la kangoo.

Ya está resultando llamativa en el grupo mi poca pasíon por el desayuno, soy como un bicho raro acá. Todos desayunan y se levantan antes y todo y yo no desayuno nunca. En Rusia teníamos siempre desayuno en el hotel y yo fui sólo una vez y esa vez aparte lo único que hice fue tomarme dos vasos de jugo de naranja. El tema es que ceno tanto que ya guardo un porcentaje de esa cena que se transforma en desayuno. Me preguntan como es que aguanto hasta el mediodía sin comer nada, y la verdad es que podría seguir perfectamente hasta la cena o más. No tengo hambre nunca, cuando como puedo comer un montón, pero si paso un día entero sin comer nada no pasa nada. No como para llenar el tanque, por la necesidad fisiológica, como porque está buenísimo comer.

Otra cosa que estuvo bueno de Rusia fue volver a ser rico después de mucho tiempo. Pasamos de los nórdicos que son increíblemente caros a un país muchísimo más barato y que aparte ya teníamos el hospedaje pagado. Eramos burguesía. Yo me saqué bastante menos del viático asignado y tuve que esmerarme para gastar toda esa plata en comida. Hasta tuve que comprarme una camiseta, sino me sobraba.

Esta fue la última vez que dormimos en la misma habitación con Rodrigo. Ya hasta camas asignadas teníamos sin necesidad de hablarnos. Yo siempre dormí en la cama de la derecha y él en la de la izquierda. Voy a pedir un minuto de silencio por el final de esto tan bello.

Como mandan las reglas del visitante a Rusia tuve que comprarme una matrioshka. Aclaro que no son mamushkas, son matrioshkas, mamushka quiere decir mamita, y lo usan menos para las muñequitas y más para las minas los rusos. La matrioshka es posiblemente la tipiquez de un país más fea y al pedo que existe, pero bueno, no tenía otra y compré 3. Había comprado 2 y mi novia me mandó a comprar más. Hay una que venía por pedido, así que tengo 2 sin dueño. Espero que no, pero es probable que mi novia quiera una, así que una va a la bolsa de regalos sin nombre junto con unos vasitos metálicos que vienen en un estuche tipo cuero que la verdad no se por que compré.

La feria donde las compré era una cosa muy muy extraña. Habían muchísimos puestos de matrioshkas, posters y cosas típicas para turistas, pero a medida que te ibas metiendo más empezaba a ponerse rara la cosa. Empezabas viendo armas soviéticas cada tanto mezcladas con otras cosas muy viejas, y en un momento cuando mirabas alrededor habían minas, misiles, bombas, ametralladoras, rifles, cascos oxidados, una especie de armadura metálica llena de marcas de balas. Cuando se te ocurría que capaz que podía ser peligroso estar al lado de 8 misiles y bombas y alguna mina desenterrada de algún bosque y situada precariamente arriba de otro misil, caminabas tres pasos y te encontrabas con un ruso gigantesco jugando con una ak-47. No era para impresionables.

El tren de vuelta estuvo bastante interesante. Muy parecido al de ida lo único que eran unas horas más y se cruzaba una frontera, por lo que los trámites se hacían ahí arriba. El tren estaba bastante muerto. Después de haber oído cuentos de los viajes en este tren de años anteriores estaba esperando algo bastante más movido, pero salvo dos o tres grupitos aislados, todos estaban durmiendo a la media hora de viaje. Yo me recorrí dos vagones y cuando llegué al mío todos estaban desmayados.

Vos cuando entrabas al tren tenías que darle el pasaporte a una especie de azafata, y cuando cruzabas la frontera venían, te despertaban y te hacían llenar un papelito y te devolvían el pasaporte. Una cosa que les encanta a los de la frontera es despertarte. Me despertaron cuando el tren paró a las 7, no pasaba nada y me dormí, media hora después me despertaron, me hicieron llenar un papelito y me devolvieron el pasaporte. Cuando le iban a dar el de Badetto, que era uno de los de mi camarote, el ruso miró la foto y se lo iba a dar a Rodrigo. Le dijimos que era del otro y ahí agarró el pasaporte, miró la foto y a Badetto un buen rato y después le preguntó la fecha de cumpleaños para creerle que era de él. Estaba clarísimo que era él, porque no se parecía ni un poquito a Broquetas, pero para mi que se hizo el boludo, como cuando errás un gol en la boca del arco y te hacés el rengo después. Me hubiera gustado ver que hacía si le daba el pasaporte a Rodrigo cuando llegara al de él de verdad.

Hoy llegamos de vuelta acá al camping de donde salimos para Rusia. Mi camioneta estaba con toda la intención de ir hasta Helsinki, pero otra gente tiró media pálida y ya la idea de quedarse morseando acá tomó muchísimo atractivo y acá estamos haciendo nada.

Mañana salimos para Tallin y a las 19:30 levanto a mi novia del aeropuerto después de 5 meses sin verla y arrancamos un mes y 10 días de viaje por Europa en pareja.

Hoy mi hermana chica cumple 18, así que le mando un feliz cumpleaños. La ventaja de ser la más chica es que ya tiene 18 y sigue siendo la pobrecita chiquitita. Yo cuando tenía 18 era un pelotudo y ya llevaba como 5 o 6 años de cargar el lavarropas cuando se llegaba a Las Toscas.

Como le toca el cumple a Luli, sale cuento de ella. En realidad el cuento lo mata más a mi hermano que a ella, pero es el que me viene a la mente primero. Resulta que cuando era chiquita, onda 2 o 3 años vivíamos todos en Varela y un día estábamos los cuatro en el living y Lucía dice "uy, tengo ganas de hacer pichí", acto seguido se baja los pantalones y empieza a correr hacia el baño mientras hacía pichí dejando un rastro todo a lo largo del pasillo. El problema fue que mi hermano la quiso frenar, así que salió corriendo atrás de ella. Resulta que las baldosas de cerámica mojadas con pichí son bastante resbalosas, así que como resultado de la buena intención de mi hermano de alcanzar a Lucía mi madre después tuvo un tramo menos de pasillo que lavar, aunque sí tuvo que agregar un pantalón y un buzo a la lavarropas. Para cuando Lu alcanzó el baño, ya no tenía más ganas de hacer pichí.