Mal yo, sigo atrasado. Ya llegamos a Tailandia y lo último que subí fue de Beijing.
Voy a seguir donde me quedé. Desde Beijing nos fuimos a Shanghai, con una impresión de los chinos un poco complicada que después de haber conocido a los japoneses se quedaban un poco cortos. Nos subimos al avión, que dicho sea de paso, a esta altura subirnos a un avión nos resulta bastante embolante, pero nunca imaginamos la extensión del infierno que era ese avión. Para empezar todos habíamos comprado un montón de kilos de cosas en el mercado, y aparte el peso admisible para los vuelos en Asia, baja de 23 a 20 kilos, así que yo por ejemplo llevaba 12 kilos entre la mochila y un morral que me compré para esto mismo, así que veníamos molestos. Pero después de subirnos, nos dimos cuenta de que íbamos a sufrir algo que no le deseo a nadie. Lo mejor que se me ocurre para describirlo es que el vuelo ese era como estar en un avión llenos de chinos. No me entiendan mal, China está salada y nos viene pasando por arriba a todos, pero los chinos (especialmente los de clase económica) son otra cosa. Son el equivalente a los beverly ricos pero sin ser graciosos ni simpáticos.
Yo fui a mi asiento y nunca estuve tan contento de estar en el asiento del centro de la fila del medio de un avión. Se me sentaron uruguayos por todos mis lados y me puse música para silenciar a los chinos que se gritaban (saludaban, puteaban, nunca lo sabré) de punta a punta del avión. Logré dormirme antes del despegue. Me desperté cuando llegó la comida, la miré y vi que consistía en un arroz violeta con cosas, un huevo duro marrón (no era la cáscara), y un refuerzo sin mala pinta, pero que después de una inspección más a fondo con mi nariz procedí a descartar, así que me dormí hasta el aterrizaje.
Llegados a Beijing salimos a recorrer, y gracias a dios por Shanghai. Levantó mucho a China, la gente más amable, mayor porcentaje de gente que hablaba inglés y todo bastante más occidental (no estoy seguro de si eso último quedó feo o no). Lo que sí se mantuvo fue la cantidad de escupitajos. Los escupitajos chinos no son normales, no es una simple acumulación de baba en la boca de la qque te querés desprender, ellos sacan el moco desde la mitad del pecho. Parecen viejos de 90 años después de graves enfermedades pulmonares largando un pedazo de intestino.
Nos quedamos en un hotel bastante decente, cómodo. El problema es que en realidad era más bien un motel, entonces desde las 22:00 más o menos empezaba el desfile de parejas a subir a las habitaciones. Algunas podían ser de verdad, pero muchas tenían una diferencia de edad y/o atractivo físico que llevaban a la deducción de que el hombre iba a desembolzar más que el mero valor de la habitación por esa noche. Aparte, las paredes no eran muy gruesas, así que si piensan viajar a Shanghaicon niños, no vayan al Motel 168.
También habían otros aspectos que aportaban a darle un aire de sexualidad al hotel, como por ejemplo la tarjetita con una mujer en ropa interior con un número de teléfono que te pasaban por debajo de la puerta todos los días sin falta, la eventual llamada a la habitación diciendo "do you want a massage?" y mi compañero de habitación, don Rodrigo Broquetas, que descubrió muy tarde que la ventana de nuestra habitación daba a la ventana del lobby del tercer piso.
Como mis amigos lectores del blog que viajan conmigo me echan en cara que no pongo muchas cagadas mías acá, aunque sea porque soy un ser que se acerca mucho a la perfección, les voy a contar una bobada que me mandé.
Estabamos de recorrida por Shanghai con el grupo entero y nos teníamos que tomar el metro, así que nos juntamos en grupos de a 10 para sacar los boletos que son de tamaño aproximado a una tarjeta de crédito, yo fui el encargado del mío y fui a sacarlos. Les entregué a todos el suyo y me quedé con el mío. El boleto era magnético y se apoyaban en una cosa que lo leía y el molinete te dejaba pasar. Todos empiezan a pasar y yo apoyo el mío y sigo, cuando casi hago una vuelta carnero porque el molinete no giró, vuelvo en forma calma y lo intento de nuevo con el mismo resultado. Me cambió de molinete y todo y nada, después de unos 10 intentos, una que estaba teniendo el mismo problema que yo llama a un guardia y los dos le damos nuestra tarjeta. Los demás ya habían pasado y ahora me estaban esperando. Después de un par de minutos vuelve el guardia, le da la tarjeta a ella diciéndole que estaba arreglada y me da la mía y me dice "this is not a ticket". Resulta que la llave de mi hotel no servía para andar en el metro.
Terminamos Shanghai con el cumple de Pablo Soba (no hago chistes con el apellido porque no se me ocurre ninguno que no sea demasiado grosero hasta para este blog), al que aprovecho para mandarle un saludo enorme. Gracias a este evento tuvimos repetidas visitas de la policía y la gente tuvo una excusa para emborracharse, dentro del grupo de borrachos, quiero destacar a Patricia Rosés cuya regresión en edad y la energía que demuestra a medida que el porcentaje de alcohol en sangre aumenta, no deja de sorprenderme.
Nos fuimos para Hong Kong casi que por el día. Llegamos de tardecita y el hotel estaba precioso hasta que nos dimos cuenta de que nos cobraban por el wifi y sólo lo podíamos usar en el lobby, nos cobraban aún más por la piscina, y estaba en el culo del mundo, así que ta, el hotel maso nomás si tenems en cuenta todo eso. La ciudad preciosa, instalada en un conjunto de islas con montes muy altos, gente dijo que se parecía a Rio, pero con un toque de europeo y de chino, un pedo bárbaro. Lo raro de hong kong es que a pesar de ser China, como que no se cuenta como China, tienen moneda diferente y manejan por el lado contrario.
La verdad que daban ganas de quedarse varios días más, pero bueno, por lo menos disfrutamos lo que estuvimos. Una de las cosas destacadas es que mandé una encomienda y logré deshacerme de 6 kilos de cosas que no voy a utilizar y ahora sólo tengo que cargar 6 en mi mochila y morral. Igual los que esperan regalos, no se entusiasmen, mandé ropa que traje de más, y las guias de viaje y demás papeles y cosas.
Tuvimos otro cumpleaños, el de la ya mencionada Patricia "Pato" Rosés, que para variar, compró vodka, jugo de naranja y logró llegar a un estado de felicidad extrema. Creo que a esta gurisa le dijeron que no se debían mezclar bebidas porque hacía mal, pero no entendió que eso era dentro de la misma noche, que a lo largo de tu vida sí se puede cambiar.
Después de un día y medio en Hong Kong, tuvimos que salir de nuevo, esta vez hacia Tailandia. Nos subimos al vuelo donde Mercedes Baroffio, la hija de una compañera de trabajo de mi suegra (quemala Cristina), logró quedar en un estado bastante alegre al descubrir que mientras sigas pidiendo vino, te van a seguir trayendo.
Llegamos y resulta que tenemos guías que hablan algo bastante parecido al español. Uno se llama Paco, eso ya es suficientemente divertido, pero después se ponen a hablar y resulta mucho más gracioso, aunque no estoy seguro de si lo hacen de gusto o no.
Nos fuimos hoy de mañana a una isla cerca de Pattaya, la ciudad donde nos quedamos hasta mañana. Unas playas preciosas, aunque sospecho que para lo que hay en Tailandia debe ser el equivalente a Atlántida. Igual nunca en mi vida me había bañado en aguas tan claras. Llenás una piscina con agua de OSE y no queda tan claro como esto.
Estaba lleno de hindúes, que se meten con ropa a la playa, vimos a muchos entrando de campera deportiva o cosas así, también habían algunos que lo hacían de calzoncillo (no zunga, calzoncillo). Resulta que tienen una mezcla de muy poca verüenza, poca sutileza, y una atracción importante a las mujeres con bikini, y asaltaron a nuestras compañeras todo el día. Especialmente exitosas resultaron Magda y Mafe, lo que generó un odio extremadamente profundo en Darío hacia esta gente.
El plan era estar hasta las 11:30 en la playa y después ir a un jardín botánico a ver elefantes y dar una vueltita arriba, lo cual no fue del todo bien recibido por esta gente ávida de playa y cansada del recorrido. Igualmente, para cuando llegó la hora de irse, sólo un pequeño grupo de 9 valientes entre los que nos contábamos Mafe, Magda, Darío, Rodrigo y yo. Los demás se volvieron porque la vuelta en barco ya estaba pagada y el almuerzo también. Al final nosotros terminamos gastando menos de 20 dólares por quedarnos hasta la tarde en la playa.
Pagamos por adelantado el barco de vuelta que había que reservarlo con la ayuda de nuestro guía Paco y nos fuimos a bañar. A la vuelta habíamos quedado a las 16:30, llegamos a las 16, que parece ser mucho más tarde acá que allá, ya con muy poca gente en la playa y una marea que nos impresionó, subió más de un metro y se tragó a la playa entera. Cuando llegamos al lugar acordado dijímos que a pesar de que era más temprano, si veíamos a la mujer a la que le habíamos pagado, nos íbamos.
Salió Rodrigo a buscarla y no la vió, los demás estaban sentados charlando tranquilamente. Salí yo a ayudar a Rodrigo y tampoco pude, los demás seguían conversando menos Darío que se nos unió. Empezamos a mostrar la tarjeta que nos habían dado de la empresa esta para que nos dijeran donde estaba y la gente nos hacía señas que parecían indicar que no sabían de que era, ya ahí sólo quedaban una o dos conversando y los demás calladitos. Se acercaba la hora y ya eramos 5 buscando a la mujer y nada, ya estábamos bastante nerviosos porque aparentemente ya a las 5 no salían más barcos porque las olas se ponían muy grandes. Cuando ya estábamos a punto de perder las esperanzas de dormir en el hotel esta noche, llega un barco que nos mira y nos pregunta "Paco?" y ahí todos respiramos y nos subimos lo más rápido que pudimos. Me asusté en un momento.
Bueno, ahora estoy en mi hotel, contento de haberme puesto al día y esperando que mi novia se conecte que hace mucho que no puedo hablar con ella entre la diferencia horaria y el déficit de conección asiática que he venido sufriendo. Para que se imaginen lo que la quiero, ahora estaba planeado ir con los guías a ver un espectáculo erótico de travestis acá, o al menos fue lo que le entendimos, y yo me quedé a esperarla.
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