martes, 25 de septiembre de 2012

Día 173

Vieron, esta vez no demoré tanto en volver, me porté bien. Para mi que hasta me gané un premio, ustedes decidan cual.

Ahora sólo tengo 2 ciudades para contar de tan prolijo que estoy. Les cuento el tiempo en Sarajevo y los días que llevamos en Dubrovnik.

La última entrada fue de la noche que llegamos a Sarajevo. Ahí ya no pasó nada porque ya para cuando terminé era una sinfónica de ronquidos el cuarto, así que hay que empezar en la mañana siguiente.

Nos levantamos, nos acomodamos y salimos. A los 100 metros de haber salido nos encontramos con una panadería que tenía terrible pinta, así que entramos y las cosas salían 1 marco bosnio que sería medio euro y aparte estaban muy ricas. Ya Sarajevo me empezó a caer bien.

La verdad que Sarajevo no se parecía a ninguno de nuestros cuartos en la época de nuestras infancias. Desde tiempos inmemoriales que nuestras madres comparan las habitaciones de sus hijos con dicha ciudad, ojalá mi cuarto estuviera tan ordenado como Sarajevo.

Nos metimos un poco en la ciudad vieja y era un poquito como volver a Turquía. Estaban las mismas porquerías que ahí y mi debacle económica comenzó en el momento que mi novia descubrió que le gustaban las porquerías esas.

Después de lograr bloquear varios intentos de compras pelotudas, entramos a una tienda donde el vendedor se nos puso a hablar. Después de las típicas alcahueteadas a Uruguay y demostrar un conocimiento mínimo, se nos puso a hablar de las cosas que tenía a la venta, habían un par que Ale estaba relojeando pero tranqui, hasta que en un momento el vendedor la miró y le preguntó si los abuelos eran europeos, porque tenía mucho aire, luego le dijo la frase que abrió la canilla de compras sarajevas, "tenés un aire a Jennifer Aniston". Al escuchar eso quise saltar arriba de Ale, tratar de bloquear el camino de su mano a su bolso donde guardaba la plata, pero no había nada que pudiera hacer, el vendedor me había ganado.

Después de eso la cosa se desvirtuó, ayudada por el grupo de féminas de la camioneta que se ve que están enojadas conmigo por algo que hice en algún momento y estaban boicoteándome de una forma pocas veces vista. "Sí, ese bowl colorinchudo es precioso, comprate un par", "las tazas esas son divinas, nunca más vas a ver unas igual" "no te podés ir sin una lámpara, tienen como el 80% de los colores que existen en el mundo", fueron algunas de las frases que se fueron repitiendo.

En un momento volvió el Agu que se había sentido un poquito mal y se fue a dormir una siesta y ahí me ayudó por lo menos a no quedarme sólo rodeado de compañeras de camioneta disfrazadas de los demonios rojos que aparecen en los hombros izquierdos de los dibujitos que le hablaban en la oreja a Ale.

Después de un manejo bastante cuidadoso de mi parte, logré darme cuenta de que no iba a poder evitar todas las cosas que quería y me dediqué a elegir mis batallas. Así caí en un par, pero logré salvarme por ejemplo de los bowls colorinchudos.

Lo más complicado fue uno de los regalos que van para mis suegros ahora, no voy a decir que cosa es porque quemo todo, pero fue una de las batallas más sangrientas vividas en Sarajevo. Primero traté de rehusarme, cuando vi que no funcionó, opté por acompañarla y disimuladamente hacerla sentirse muy agradecida hacia mi por haberla acompañado a comprarlo. No sólo sufrí el tiempo previo a la compra, sino la compra en sí. Una hora adentro de la tienda. Igual yo no fui la única víctima de Alejandrazilla, el vendedor estuvo todo ese tiempo de arriba para abajo mostrando una y otra cosa, buscando colores y formas, el pobre la verdad que se tuvo que esmerar para venderle eso. Si mis suegros no se emocionan hasta las lágrimas cuando Ale les de el regalo no se que hago.

Después de 73 regalos para amigos (estoy a punto de pedirle a Ale que deje a un 30% de sus amigos, tiene demasiados), nos retiramos de las compras. Nos fuimos al hostel y después comimos por ahí. La comida en Sarajevo es increíblemente barata, me encanta esa ciudad.

Al otro día salimos rumbo a Dubrovnik. Está a 130 km en línea recta, así que con rutas y todo pensamos que en 3 horitas llegábamos, pero no tuvimos en cuenta la habilidad de las rutas bosnias para no ser descubiertas por el GPS, así que demoramos unas 5 horitas.

Ya el viaje empezó mal cuando tratamos de sacar el auto del estacionamiento. El viejo que estaba ahí nos quería cobrar 38 euros en vez de los 28 que salía haciendo la conversión de la moneda y aparte no entendía nada de inglés, así que estuvimos un rato ahí. Agustín probó a ver si puteándolo entendía español, pero resultó que no. Al final preferimos ir a sacar marcos bosnios y pagar con eso así no nos afanaba el veterano.

La ruta preciosa, muy precaria por momentos y con muchas curvas y subidas y bajadas por las montañas, pero muy linda.

Tuvimos de nuevo que cruzar fronteras, una de las actividades menos preferidas de Agustín. En el momento que un inspector de aduanas lo mira se pone verde y los calzoncillos se le quedan violetas.

Llegamos al fin a Dubrovnik. Mi frase preferida de estos días es "buscá Dubrovnik en google y odiame". Les pido a ver si por favor lo pueden hacer también los que no la conocen.

Metimos playa, centro, comimos rico, paseamos. Hasta ahora el único inconveniente de este lugar es que las tiendas de souvenires no venden las latitas que Ale está comprando para llevar.

Estamos muy aburguesados, es el cuarto apartamento en el que nos quedamos en este mes. Ahora vamos a tratar de meter algún camping para acordarnos que en realidad la vida no es así.

Bueno, me aburrí de escribir, así que me voy a acostar. Voy a ver si me pongo de vuelta a escribir, porque así no llego a las 15.000 visitas antes de que termine el viaje.

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